Boyhood


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Tras meses sin actualizar, una película ha conseguido que renazca en mí eso que llaman “la pasión de escribir”, que a tanto le gusta decir a Vargas Llosa. No voy a extenderme mucho pero prometo escribir al menos un post todas las semanas a modo de propósito de fin de año.

La película que ha encendido la mecha no es otra que “Boyhood“. Richard Linklater lo ha vuelto a hacer. Tras la insuperable trilogía, interpretada por Ethan Hawke y Julie Delpy, Linklater llevó a buen término un proyecto que duraba 12 años y que consistía en grabar la evolución de la vida de un niño, Mason (interpretado por Ellar Coltrane) a lo largo de esos años. Llevar a cabo ese proyecto y con los mismos actores a lo largo de más de una década se antoja una odisea en los tiempos que corren, donde las agendas y los egos priman por encima del interés por el buen hacer. Pero Linklater parece tener ese magnetismo necesario para aglutinar talento y compromiso sin más preocupación que filmar.

Pero centrémonos en la película. No es un film rompedor, ni siquiera es alternativo; sí, es “cine independiente USA” pero no se sale de las reglas de los grandes estudios: actores muy conocidos, historia convencional, reparto seguro y rentabilidad. Pero eso no resta un ápice para que “Boyhood” sea una película extraordinaria. ¿Por qué? Porque al estar rodada en 12 años y con el mismo reparto la empatía que sientes por Mason es poco usual. Las críticas acerca de que si la película estuviera hecha en un año con diferentes actores en las distintas etapas no sería tan honda son ciertas, pero es que la película está rodada en 12 años y con los mismas actores por esa misma razón. Otra razón, y las más poderosa para mí, es la historia: una historia sencilla, sin aspavientos. Es la vida de un chico normal, con situaciones normales, con vivencias normales y con problemas y soluciones normales. Es una película real, amarga y divertida a la vez y por la que puedes sentirte identificado en todas las etapas de la vida del chico; o de la madre; o del padre. Son situaciones cotidianas narradas de forma magistral por un director que se ha convertido, por derecho propio, en el gran analizador de la vida corriente norteamericana actual.

Arque3

Cuenta una historia real, o que pudiera ser real. Patricia Arquette, recuperada para el cine desde “Carretera Perdida” es el alma máter del film. Ellar Coltrane es el protagonista absoluto pero ella, la madre, es la que le da el realismo bruto y con matices a la película. Con ella la puesta en escena siempre es espectacular, excéntrica y pausada.  Arquette está ante el mejor papel de su carrera.

Es una película de familias rotas, de madres luchadoras y desencantadas con el propósito de su vida (“pensaba que había algo más, que ésto no se acabaría aquí”), es una película de adolescentes que buscan su lugar en un mundo que no entienden y es una película de experiencias vividas. Linklater nos vuelve a traer diálogos memorables que nos recuerda a “Antes del amanecer”, situaciones convencionales narradas con extrema delicadez y sentimiento, muy cuidada y que no busca en ningún momento la empatía forzada. Es una obra magnífica, cine bien hecho. En mi opinión, superior a “Antes del atardecer” y a “Antes del anochecer”, y eso, para mí, supone mucho.

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